La cara de Zorraquín, que rapada era bondadosa, desaparecía ya entre un vellón áspero, negro y erizado, como bala de lana sin cardar. Los ojos pequeños, la nariz agarbanzada y la desabrida sonrisa del capellán apenas se abrían paso por tan enmarañado bosque de pelos. La boina blanca caída de un lado parecía impedir con su peso que el cabello, no menos áspero que la barba, tomase la dirección del techo, como un escobillón que se cree ciprés. En la zamarreta del cura veíanse diversos cintajos que manifestaban sus grados y condecoraciones. El sable le arrastraba por el suelo, sonando a pandereta rota. Las botas desaparecían bajo salpicaduras de fango; las pistolas eran negras como la zamarra, y las manos de color de hierro viejo. Por donde quiera que iba el guerrero, difundía en torno suyo un complejo olor a pólvora, a cuadra y a vino.
Benito Pérez Galdós. Un faccioso más y algunos frailes menos (Episodios Nacionales).
El cartel y la camiseta de la IX Bellota Con nos trasladan a la Primera Guerra Carlista (1833-1840), un episodio trascendental de nuestra historia que no está de más recordar y recuperar en nuestras mesas de juego.
Fue aquella una guerra de corte napoleónico, pero adaptada a los limitados recursos de ambos bandos y a la particular forma de hacer la guerra en España. En el plano estético se trató de un conflicto visualmente llamativo, en el que convivían los uniformes tradicionales del ejército liberal con la disparidad de la indumentaria de los carlistas, reconocibles a veces únicamente por la característica boina.





Los soldados de la reina sufrieron graves carencias que también afectaron a su vestimenta, pero mantuvieron un mayor grado de uniformidad. Los partidarios de don Carlos vistieron de forma heterogénea, mezclando ropas civiles con otras arrebatadas al enemigo y, cuando el presupuesto lo permitía, con prendas elaboradas ex profeso para ellos. Es por ello que resulta complicado concretar la uniformidad del ejército carlista.
Los asistentes a la Bellota Con recibirán un obsequio muy especial, acorde a la temática escogida para esta IX edición: una miniatura del oficial carlista que se halla en primer término del cartel. Su indumentaria se basa principalmente en dos imágenes de la época: un dibujo que se conserva en la Biblioteca Nacional de España y un grabado antiguo. Ha sido diseñada por Josean Morlesín, autor del cartel y de la camiseta.
El oficial viste un capote, prenda muy habitual en el bando legitimista, con numerosas variantes entre las fuerzas del norte. Además de la reconocible boina carlista, destaca la chaqueta de piel (cuya materia prima bien podía proceder de lobo u oso, entre otros animales), una prenda civil en sintonía con la moda de la época. En su mano sostiene un sable inspirado en los que portaba la caballería. Si bien la documentación gráfica y la bibliográfica han aportado datos fundamentales para apuntalar el diseño de la figura, la supervisión de Raúl Mendo Herrán, experto en recreación histórica y miembro de la Asociación de Estrategia y Simulación Histórica de Álava, ha sido determinante a la hora de concretar los detalles de su aspecto definitivo. La miniatura, además de ser un recuerdo exclusivo de la convención, puede usarse al jugar a “Una Guerra Imposible. La Primera Guerra Carlista en el Norte, 1834-1838” (Bellica 3G), sustituyendo al marcador de cartón en la tabla de prestigio carlista.


